viernes, 10 de junio de 2011

Vuelven los Grises

Curiosas situaciones se están viviendo estos días en los que los ciudadanos, especialmente jóvenes, se están manifestando, expresando su indignación. Estas situaciones se han vivido en Barcelona y en Valencia, y aunque las imágenes son similares, hay diferencias en el fondo.

En Barcelona, un consejero de la Generalitat iluminado por algún espíritu bárbaro y opresor, ordenó el desalojo de la Plaza de Cataluña alegando razones de salubridad. Esto me suena más bien a escusa, y ya que no encontró otra, pues la transmitió a los medios de comunicación. Él tenía ganas de mandar a sus hordas de mozos para que espantara a estos ciudadanos libres. Tanta democracia y libertad de expresión debía darle nauseas y jaquecas, así que decidió cortar por lo sano. Gesto deleznable, del cual parece no arrepentirse, ya que ni dimite, ni lo que es peor, lo despiden.

En Valencia sin embargo, donde parece ser que la competencia en materia de interior no la tiene la comunidad autónoma (igual que pasa en Madrid, por suerte), sino que la tiene el gobierno central, se vivió una situación inesperada, no comandada por el ministro de Interior y muy probablemente aspirante a Presidente del Gobierno. Este hecho es muy importante para analizar lo ocurrido si alguien pretende valerse de los medios de comunicación, debido a que la derecha mediática ha puesto en su objetivo a Alfredo Pérez Rubalcaba, a quien todas las encuestas le otorgan mayor popularidad que a Rajoy. Además lo más curioso es que mientras que la policía sacudía a los allí reunidos en la Plaza del Ayuntamiento, dentro un edificio anexo, se estaba produciendo la investidura de un gobierno autonómico, donde el 15% de los dirigentes están imputados. Unos presuntos delincuentes viendo desde la ventana como se desaloja una plaza por la fuerza, mientras ellos celebraban la toma de posesión frotándose las manos viendo como se avecinan otros 4 años en el poder y saqueo de las arcas públicas. Y después se extrañan del lema “Democracia Real Ya”.

No obstante, ambos acontecimientos tienen dos cosas en común. La primera, la violencia desmesurada que hace la policía para desarticular manifestaciones pacíficas, mandando a los hospitales a decenas de heridos, cuyos únicos delitos son el de asociacionismo y la expresión, derechos otorgados por la Constitución, y que a la policía poco le importó vulnerar. Y la segunda, es que la respuesta a la brutalidad policial es una mayor participación en las concentraciones y solidaridad y apoyo que reciben de otras manifestaciones que se reúnen en otros lugares de España.

Atizando el fuego, crecen las llamas

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