Lanzar un boomerang es relativamente sencillo. Lo que complicado es que vuelva, y sobre todo como vuelve, y tener la habilidad para poder cogerlo.
Los americanos lanzaron uno contra los soviéticos. Concretamente lo lanzaron en Afganistán, lo llamaron Bin Laden y tuvieron la mala suerte de que al volver se hizo peligroso, tanto que les golpeo con gran contundencia, como nunca antes lo había hecho nadie. Un golpe producido por un arma que ellos mismos lanzaron. Lo peor es que no es el único. También lanzaron otro en Irak, este se llamó Sadam Hussein, y así un centenar de boomerangs que vuelven de forma tan peligrosa, o quizás sin la habilidad necesaria para recuperarlo, que luego hay que destruirlos. Para ello sólo hay una forma, o al menos es la única que utilizan, que no es ni más ni menos que lanzar otro. Suena mal, lo sé, pero es tal cual. Es como apagar un incendio con lanzallamas, y jugando con fuego te quemas. Y quien siembra vientos, recoge tempestades.
Tantos dichos me sirven para poder ilustrar el caos que las potencias occidentales promueven por otros países, y que después puede volverse en contra. Especialmente Estados Unidos, quienes se piensan policía del mundo. O la Unión Europea, con España incluida, que continua apagando incendios con fuego, véase el caso Libio.
Veremos en un futuro como vuelven estos boomerangs lanzados desde occidente como vuelven: asesinato de Bin Laden (no nos engañemos, esto se llama terrorismo de estado), nuevo conflicto con Pakistán, Libia, etc.

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