lunes, 1 de agosto de 2011

¡Viva el Vino!

Triste noticia se ha publicado sobre el vino. Su consumo en el último año ha descendido de 50 L por persona al año a sólo 20, mientras que el consumo de cerveza sube, llegando hasta los ¡90! Y las bebidas de alta graduación parece que suben ligeramente. Por tanto, la conclusión obvia que podemos sacar es que los españoles beben cada vez menos vino, siendo uno de los principales productores, tanto en cantidad como en calidad. Para analizar, podemos considerar las posibles causas de este hecho, yendo más allá de escusas ramplonas como ley anti-tabaco, que debieran afectar a todas las bebidas.






La primera que se me viene a la cabeza es el precio. Puede resultar caro, pero lo cierto que tampoco lo es respecto a las otras bebidas, siempre y cuando hablemos de vinos al alcance de los bolsillos más modestos. Por lo tanto, descarto esta posibilidad.






Cambio de cultura. Ésta opción parece más acertada. El vino, por tradición, podemos considerarlo como nuestra bebida nacional, algo tan nuestro como los toros o la siesta. Además, a lo largo nuestra geografía, podemos tomar vinos de la tierra, cada uno diferente, especial. Cada pueblo de España puede presumir de unos vinos de gran calidad. Tenemos tanta variedad que asusta a cualquiera. Sin embargo, hemos optado por cambiar a la cerveza, bebida con tradición más arraigada en el norte de Europa. Quizás por el fenómeno de la globalización, o puede que por el cambio de cultura hacia una bebida más simple, en elaboración y sobre todo, en conocimiento. Y esta me lleva a la tercera posibilidad.





Especialmente en los jóvenes, resulta complicado distinguir entre tanto vino, y son los eruditos quienes nos han invadido con una serie de conceptos y definiciones que se nos escapa de las manos. Que si el tipo de uva, la barrica en la que fue fermentado, si tiene cuerpo, si es afrutado, y así una larga lista, en la que los no iniciados nos perdemos, y que por cierto, cuesta reconocer. El hecho de falta de conocimientos en esta materia, puede ponernos en situaciones de sonrojo, y que para evitarlas, se opte por el consumo de la cerveza. Si pedimos una cerveza, nos la sirven y punto, no hay más. En cambio, con el vino, son tantos los conocimientos que debemos tener, que llegan a abrumar a cualquiera que no sea un sabio, y así es como desciende su consumo. Dejemos los tecnicismos para los enólogos.
Precisamente el vino, la única bebida alcohólica que los médicos recomiendan consumir (con moderación), nuestra bebida nacional, a la que estamos unidos desde los tiempos de los fenicios. Hijos como somos de Dionisos, de Baco. Nuestra bota de vino, conocido también como “pellejo”, el toro de Osborne (10 tenemos en carreteras gaditanas), las tapitas, el pescaito, la guitarra, nuestro fino, nuestra manzanilla, vino dulce, vino tinto, sherry, olorosos. Y su elaboración, tan mística como espiritual, desde la vendimia hasta el embotellado, respetando el proceso tradicional, en busca de esa magia, de esa alquimia, tan diferente de la cerveza, que se produce en frías fábricas, donde la maquinaria la engendra. Orina de asno, la llamaban los españoles siglos atrás.

Por ello, debemos fomentar su consumo responsable, por nuestra tierra, en la que crece la mejor vid, por el vino, tan nuestro, por la salud, por la vida, ¡VIVA EL VINO!


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