Pocos días como el 14 de julio tienen la relevancia a nivel internacional que tiene este día. A pesar de ser el día nacional de Francia, o mejor dicho, la República de Francia, el martes 14 de julio de 1789 es la fecha en el que el “hombre” empezó a ser “hombre”.
Realmente fue el nacimiento del ser humano como tal, libre de las cadenas del Antiguo Régimen, opresoras de la libertad y la justicia. La cárcel de la Bastilla sólo albergaba a 7 presos, por lo que puede considerarse la toma de un símbolo, la del poder absolutista que imperaba en Europa. El rey Luis XVI preguntó si se trataba de una rebelión; que no, le contestaron, era la Revolución.
Efectivamente, aquel hecho marcó el inicio de la Revolución Francesa. La suerte estaba echada, ya que el proceso ya tenía su origen en la Ilustración, unido al poder adquirido por la burguesía, y al hecho de que el pueblo pasaba hambre y estaba harto de los privilegios señoriales de la nobleza y del clero, del feudalismo, diezmos y demás injusticias propias de la Edad Media. Mucho se puede escribir de aquello. Solamente en la Wikipedia hay páginas y páginas sobre esto.
Lo importante, la esencia, es el despertar del pueblo, olvidando el miedo a las represalias, usando su poder en aras de la justicia y la libertad que todo ser humano tiene por el simple hecho de nacer, haciéndonos ver al resto de la humanidad como librarnos de la tiranía y el misticismo en el que nos tenían inmersos nobles y clérigos. Si un elemento de tortura como era la cruz fu el símbolo de los cristianos, la guillotina lo fue de los hombres libres. Qué lástima que no llegara por aquí, cuanto bien hubiera hecho, cuanto sufrimiento habría evitado.
Lo más cerca que tuvimos fue la Constitución de 1812, la Pepa, donde se cometió el gran error de reconocer a como rey de España a uno de los peores gobernantes de todos los tiempos, y más cosas que prefiero no escribir por no dejar de ser bienhablado. Esta fue nuestra gran oportunidad, desaprovechada por la situación del momento y la ignorancia de la época, y sobre todo por el desconocimiento que se tenía de este indigno monarca.
En fin. Poco nos queda ya que lamentarnos, y nada más que felicitar a los franceses por su glorioso día, y que canten su hermoso himno. Nosotros seguiremos manteniendo la esperanza de un futuro mejor.



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